Baño de Cajón

por Cristian Fuenzalida.... La Cossogne Diplomatique

miércoles, agosto 29, 2007

La secretaria me asusta más que la chucha... (esto no es un título y no hay absolutamente ninguna secretaria en esta historia)

Esto no trata de escribir algo que me vino a la cabeza hace sólo unos instantes. Lo sé, es difícil poner todos tus pensamientos juntos y armar una nueva idea. Creo que hay muchas cosas que un hombre debe saber a la hora de siquiera imaginarse creando. Debe crearse a sí mismo en primer lugar. Y eso, mis amigos, es la parte más dura.

¿Puede un hombre crearse a sí mismo? ¿Es un hombre capaz de tal hazaña? ¿Somos realmente tan todo poderosos como hemos llegado a pensar que somos? No estoy seguro. Quizá haya muchas cosas de las que sí puedo dar fe. Ésta no es una de ellas.

Recuerdo mi primer día de clases. No tengo esos flashbacks de película donde la gente recuerda su niñez como ocurre en los filmes. Yo sólo tengo momentos, chispazos, sensaciones; experimentadas o a lo mejor sólo recreadas para llenar algún vacío, ¡quién chucha sabe! Estos recuerdos me hacen creer que estuve allí. Algo que nunca tendré por cierto.

Me acuerdo de la voz de mi madre. No me acuerdo en detalle que me estaba diciendo. En todo caso no me acuerdo de nada de lo que ella me pudo haber dicho desde ese momento a la fecha así que he llegado a la conclusión que no es un problema de memoria sino más bien una grave falta de atención. Ella usaba una chaqueta roja. Me acuerdo de eso. Era un clásico. Ha estado en un closet por años, desde que los años ochenta se despidieron para no volver. Ha servido de comida a polillas y de nido a ratas. Siempre recuerdo lo que la gente se puso en ocasiones especiales. Para mí, mi primer día de clases fue especial aun cuando no me acuerdo totalmente de lo que sucedió. Está marcado en mi calendario personal como un evento importante. Pasó, estuve allí, lo olí, lo degusté. Si estoy recreando una situación para llenar mi vida de experiencias significativas, no lo sé. Si me preguntas que opino: no me importa.

Me acuerdo entrando a esa pieza llena de niños. Nunca había visto gente de mi misma estatura, tantos de ellos, en mi vida. No estaban mirando. No es que yo requiriera algún tipo de atención en particular, pero ser el centro del universo era algo a lo que, digámoslo, estaba acostumbrado. Ellos jugaban a algo que no recuerdo, algo que no entendía, algo que nunca llegué a comprender en mis años posteriores de educación formal. Al parecer, los juegos de niños y todas esas aparentemente complicadas reglas funcionan a nivel RAM, de modo que una vez terminado el juego, son todas borradas imposibilitando su comunicación a posibles e indeseadles enemigos (Nuestro mundo estaba lleno de adversarios irreales esos años, aunque siempre dudé si realmente merecían la etiqueta de imaginarios). Es sólo una idea. Creo que espero que así sea, de otro modo me sentiría absolutamente estúpido y sufriendo un trastorno retentivo increíblemente raro.

Jugué, jugué mucho. Exhausto como estaba, no podía recordar nada, al menos no hasta el día siguiente cuando las reglas eran reingresadas y almacenadas temporalmente por el tiempo que el encuentro durase. La vida, en un amplio espectro, es más o menos así. Todavía juego. Es triste a veces saber que no soy más un niño, quizá porque olvidarse de las reglas a esta edad es un delito de orden mayor. Las reglas fueron hechas para ser quebrantadas. Eso es lo que aprendí años atrás hundiendo mi cabeza en un balde con arena. Pero es un poco diferente ahora. No deben cambiarse. Deben seguirse al pie de la letra y lo que es peor parecen eternas.

Siempre he tenido problemas con el significado de “eternidad”. La idea de la permanencia me parece aterradora. Realmente me hace temblar de pies a cabeza. Me imagino que no puede haber nada peor que aquello. “Permanencia”, continua e incambiable existencia, sin final, sin vueltas. ¿Cuál es el fin de todo esto? ¿Para qué sirve? Vamos a permanecer de todos modos. No me gusta aferrarme a las reglas. Prefiero mejor arrojarlas lejos de aquí si así lo puedo hacer. No digo que yo sea una especie de anarquista ni mucho menos, pero creo que las reglas deben ser rotas para alcanzar la evolución. Para evolucionar necesitamos romper la cáscara y salir al exterior. El más allá, lo desconocido, lo que está más allá de lo que los ojos pueden percibir. No intento crear nada hoy. En verdad, no sé ni siquiera lo que estas palabras significan. Solamente me encuentro inquieto. Inquieto al ver a los hombres aferrándose a nada, quedándose inmóviles, esperando por una política de no cambio que nunca llegará. No existe el no cambio. No podemos pagarnos una vida nueva, así es que mejor usamos la nuestra para construir mil otras diferentes. Es complicado, presumo, pero si hemos llegado tan lejos, un poco más de presión no partirá nuestras almas… de eso estoy seguro…




Escrito por Cristian A. Fuenzalida
Traducido por
Cristian A. Fuenzalida
Título original:
The secretary scares the hell out of me... (this is not a title and there are no secretaries -whatsoever- in this story)
Publicado originalmente en:
For Indoors Use Only

DAVID TENNANT Y CATHERINE TATE / SKETCH / UN POCO DE HUMOR BRITÁNICO PARA SUAVIZAR EL AIRE (DISPONIBLE SÓLO EN INGLÉS - NO ESTÁ SUBTITULADO)...


2 Comments:

At 10:54 a.m., Anonymous Anónimo said...

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At 11:03 p.m., Anonymous Anónimo said...

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