Baño de Cajón

por Cristian Fuenzalida.... La Cossogne Diplomatique

jueves, agosto 31, 2006

Saco de Arena (artefacto social para liberar tensiones)

Personalmente me considero una persona bastante poco extremista en mis plantamientos. Incluso han llegado a criticar mi falta de militancia frente a ciertas cuestiones de orden social. Es que mi manía de observar y criticar todo desde una metaposición a veces me dificulta -personalmente- aferrarme de una postura y quedarme ahí ciego y comprometido.

Sin embargo mi –llamémoslo así- “eclecticismo crónico” tiene sus excepciones. Me detendré en un ejemplo: Siempre he sentido curiosidad en saber en qué momento a alguien se le puede ocurrir que los niños son sacos de arena en un gimnasio de entrenamiento. Es algo que no acepto y por lo mismo detesto. Ahora, odio más aún cuando me encuentro con modelos de violencia infantil dentro de mis momentos de ocio televisivo. Creo que muchos me van a odiar porque el programa que entraré a criticar parece ser –por alguna razón “linda” o “mágica” (o estúpida) que no he llegado a descubrir- idolatrado por las masas. Siempre he escuchado: “amo ese programa, mi mamá lo veía cuando chica y le encantaba, yo también crecí viéndolo y me mato de la risa”. Se han hecho incluso homenajes en TV y me atrevo a decir que puede incluso ahora ostentar el título de vintage o kitsch.

Me refiero a “El Chavo del 8” (1973). Un programa, que aparentemente nadie parece notar, fomenta la violencia contra los niños. Me imagino que Roberto Gómez Bolaños (Chespirito) debe estar muy orgulloso de esta gran idea que de seguro resultó ser muy rentable y, bueno, debe estar revolcándose en su tumba debido a mi detestable ofensa – Sé que el sujeto en cuestión está vivo, pero, créanme, debería estar revolcándose en su tumba.

Por si nadie lo nota, “el chavo del 8” es la historia de un huérfano que vive en un barril dentro de una humanamente miserable “vecindad” donde la violencia se presenta como divertimento en sí misma y no cómo un vehículo para generar conciencia social sobre el tema– objetivo logrado por otro tipo de producciones televisivas de corte comedia donde presentan la violencia de un modo absurdo y sarcástico riéndose así de la violencia y no con la violencia, ejemplo de esto hay varios: Los Simpsons (The Simpsons, 1989), Los Padrinos Mágicos (The Fairly Oddparents, 2001). Ahora bien, si me preguntan mi opinión, esto no es tan malo, siempre y cuando no sumemos un segundo factor: la violencia no es ejercida en contra de un enemigo, un villano, o un demonio infernal- como es el caso de un sinnúmero de creaciones dramáticas criticadas públicamente por su violencia (p.e. Dragon Ball Z, 1989)- sino que en contra de los más débiles e indefensos: los niños.

Me resulta, por decir lo menos, obsceno que el personaje de Don Ramón sea idolatrado en Latinoamérica. Don Ramón, por si no se han dado cuenta, es un vago que no le trabaja un día a nadie, que huye de sus responsabilidades y que además golpea a su hija, al hijo de la vecina y al pobre niño huérfano que vive en un barril que al parecer a nadie le interesa defender. Creo también, que la violencia se expresa más allá de los golpes. Soy un convencido que la pobreza es una forma encubierta de violencia hacia el otro. Y bien, si definimos la pobreza como la negación sistemática de los derechos de una persona en particular o de un grupo social en general esta serie gana premio. El ejemplo más vívido de ello está en el protagonista: “el chavo” niño abandonado a quién en se le niega incluso el derecho básico de tener un nombre; le llaman “chavo”, pero bien podrían llamarle “niño”, “huerfanito número 2”, “muchacho”, “no tengo dinero para darte”, “ése de allá”, etc. El mismo "chavo" vive en un barril- no haré otro comentario más que: durante los 6 años que duró el show el chavo siguió encorbándose en ese barril sin que nadie hiciera nada. Finalmente para coronar esta noche de sorpresas, resulta que el chavo- huérfano y desamparado- es abusado continuamente por los queridos miembros de la vecindad, especialmente nuestro héroe “Don Ramón”.

Para cerrar agrego: señora, señor; tráteme de exagerado o de alharaco, pero reconozca que en cierto punto tengo razón, y espero que la próxima vez que su hijo o hija encienda la televisión para ver “el chavo” no suspire tontamente pensando en lo lindo que es “pegarle a los niños”, pues no lo es. No le pido que lo prohíba, o que bloquee su sistema de televisión para impedir que lo vea, sólo que imagine que no es un programa familiar sino que de “responsabilidad compartida”(clasificación utilizada por el concejo nacional de televisión CNTV de la República de Chile), un programa para ver en compañía de un adulto conciente y capaz de impedir que la violencia infantil se valide de un modo tan aberrante. Yo, personalmente, me pongo extremista, yo no lo veo, no lo admiro y le digo al señor Bolaños: su idea es bastante mala, no es graciosa y sí, espero que se revuelque en su tumba y si todavía no tiene una: cómpresela.


Por Cristian A. Fuenzalida

1 Comments:

At 4:57 p.m., Blogger PSICOPATY said...

Por fin un chileno que critica el chavo!! es mas fome...!!!!

 

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