Baño de Cajón

por Cristian Fuenzalida.... La Cossogne Diplomatique

domingo, diciembre 18, 2005

Los héroes ya no se visten más


A veces me despierto con ganas de salir y gritar, otras simplemente me deshago en la cama, la misma cama que recibió los golpes de aquel mal sueño. Esa pesadilla que sólo sería comparable, en terror, a la posibilidad de que Joaquín Lavín fuera presidente de Chile, posibilidad ya extinta por cierto.

Las noches no me han tratado bien últimamente. Las horas pasan una detrás de la otra, las estrellas siguen su camino y yo me siento cada vez más pegado al lecho como si una gran garra me aprisionara y no me quisiera soltar.

Este tipo de sensaciones son recurrentes en mí cuando mi vida llega a lo que en el metro sería una “estación de combinación”. Es la disyuntiva de cambiar de rumbo o no. Quedarse o partir. Seguir o detenerse. Amar o morir. Es que cuando la cuidad empieza a girar en torno a ti y te pregunta el por qué, y tú sabes que ya no puedes responder porque todo las seguridades de la infancia ya han sido derrocadas por alguna malintencionada palmada de verdad. La realidad para algunos, lo invivible para muchos.

Es difícil moverse sin mirar ni tambalearse ante los vientos que cambian día tras día no dejando oportunidad alguna a la predicción más ínfima. Estoy en esos días en que todo es una pregunta sin respuesta. Me pregunto si te amo y por qué te amo, creo que la inseguridad es lo que nos mantiene unidos en la lejanía de saber que este crimen es nuestro y que la culpa no se irá con el agua de este invierno.

La noche cae otra vez, el ruido infernal parece dar tregua a los soñadores, a aquellos que por un segundo apenas creen en la posibilidad de arreglar el mundo. Aquellos que siendo adolescentes levantaron la voz, la voz en contra de lo que consideraban errado, las manos y el corazón en busca del amor. Aquellos héroes nocturnos, que sin antifaz peleaban por lo que querían y por lo que no. Es la noche y siento que los héroes ya no se visten más, veo que no sueñan más, siento que el ruido de esta urbe los ha ensordecido para siempre, llevándose también sus ojos para no volver jamás. No mirar, no escuchar, sólo andar, siempre hacia el mismo lugar. Se acabaron las búsquedas, las grandes empresas, hoy sólo queda una idea enterrada en algún patio trasero junto con nuestras fotos, nuestros cuadernos, nuestros discos. Parece que todo se olvida, que nuestros pasos se borran y que nuestros sueños se desvanecen en el alba. El despuntar del día, mientras los olvidados despiertan, me encuentra junto a la ventana, observando, respirando. Creí ver algo, pero en un segundo ya he vuelto a pensar en ti.